"Fue un infierno": el dramático relato de una víctima de una entradera en Viedma
En este último tiempo se relevaron varias situaciones de inseguridad en distintos puntos de la ciudad. Sin embargo, hubo un crecimiento de robos en una zona en particular que antes no era común: en el barrio Don Bosco.
Marcela Lungarini fue una de las decenas de víctimas y su caso fue de extrema violencia. Se trata de la mujer que fue amenazada por malvivientes el sábado 16 de abril, alrededor de las 18.
Lee también: Don Bosco: amenazaron a una joven con matar a su mamá y se llevaron todo lo que pudieron
Su hija de 22 años justo cuando estaba por entrar a su casa, entre las calles Las Acacias y Mazzarello. Dos ladrones la apuntaron con un cuchillo, la hicieron ingresar de prepo al domicilio y luego tomaron como rehén a Lungarini.
En Radio Noticias, contó: "Nuestro hecho fue re contra grave, pero la realidad es que todos estamos viviendo muy mal".
Explicó sobre su episodio: "Mi hija se estaba por ir a Buenos Aires porque labura y estudia. Estábamos con todos los preparativos del viaje y dos chicos de 15 y de 16 años pasaron la casa de al lado y cuando mi hija bajó del auto fueron tres segundos que fue un infierno porque mi hija tenía un cuchillo en el cuello".
Prosiguió: "Nos metieron a la casa, así que falló todo lo que podía fallar... la alarma, todo, todo y en ese segundo que sentí que me descomponía corrí para la puerta de adelante, abrí y los dos chicos pedían plata. En un segundo pensé que esto no se terminaba con plata, estamos adentro de casa encerradas, por lo que corrí a la vereda, grité y en ese segundo le sacaron a mi hija la mochila en donde tenía todo".
"Se llevaron un celular nuevo, se llevaron todo lo que es de uno, el esfuerzo, la dedicación", indicó y completó: "Fue un infierno, después de que pasó todo el celular les indicaba en dónde estaban y marcaba una distancia de una cuadra de la comisaría".
Días después quisieron dar de baja todas las tarjetas y se topó con el ladrón en la sucursal del banco, queriendo hacer un blanqueo de claves. Pero ninguna autoridad les dio una respuesta para solucionar el problema.
"Nosotros somos gente de bien pero no hay límites. En estas dos semanas escuché que no tienen gente, que no están capacitados, que no tienen móviles, que tienen las manos atadas y en el medio de todo eso estamos nosotros. Hay que volver a la dignidad del laburo", detalló.
Con su estado de impotencia, lamentó: "Estos chicos están aburridos y hoy afanan, mañana saquean un colegio, hacen desmanes en todos lados y a nosotros que somos la clase laburadora ¿quién nos cuida?"