A 40 años de Malvinas: un viedmense estuvo entre los primeros que pisó tierra en Puerto Argentino
El 28 de marzo de 1982, el entonces infante de marina viedmense, Luis Ragnaugh, trepó al rompehielos Almirante Irizar llevando su mortero como integrante de la compañía Alfa de 100 miembros dentro del Batallón 1 de la Base Naval Puerto Belgrano.
Se había incorporado con 19 años en octubre del año anterior. Su grupo estaba bien preparado porque previamente había tenido cinco meses de instrucción calibrando tiros de esa arma.
Cuando zarparon, el infante y sus compañeros creían que saldrían en viaje de instrucción a Mar del Plata o Chile. Este último destino se mantenía firme como hipótesis de conflicto en virtud de algunas refriegas que habían tenido los ejércitos de Videla y Pinochet en 1978 por el conflicto limítrofe que terminó en el ´81 cuando el Papa Juan Pablo II elaboró un nuevo mapa en el sur proponiendo la entrega al vecino país de las islas Picton, Nueva y Navarino en el canal de Beagle.
El Día “D” era un secreto de Estado en 1982. “No nos decían nada, nos alistaban sólo para hacer instrucción pero en los días previos (al embarque en el rompehielos), lo único que nos pareció raro es que nos preguntaron cómo estábamos de equipamiento, si teníamos los borcegos en buenas condiciones o los cascos rotos. Antes de subir al barco, no trajeron todo nuevo”, rememoró ante NoticiasNet a 40 años del conflicto.
A dos días de viaje empezó un revuelo en el barco y una preocupación para saber el destino. La inquietud era más grande que las olas de 12 metros que tuvo que soportar el Irizar a la altura de Comodoro Rivadavia. “Yo no le dije nada a mi familia, y esa era la inquietud por si nos pasaba algo, y no se enteraba nadie”, contó.
El uno de abril les avisaron que con la operación Rosario se iban a tomar las islas Malvinas. Hasta los cabos y personal de mayor jerarquía desconocían el objetivo de la misión.
Para el 2 de abril, fecha del desembarco de los primeros soldados argentinos en suelo malvinense, se produjo un cambio de estrategia porque inicialmente su batallón se haría cargo del aeropuerto.
Los altos mandos enviaron el coronel Mohamed Alí Seineldín a rodear la estación aérea, y al capitán Pedro Giachino a tomar la Casa de Gobierno donde se encontraba el gobernador Rex Hunt, donde se produjo la única refriega a los tiros.
Giachino, por lo que se sabe, saltó una cerca, recibió una ráfaga de ametralladora que lo hirió mortalmente. El grupo no entendía mucho lo ocurrido ya que en la casa del gobernador sólo había cinco marines que llegaron a estar rodeados por un batallón, y no había necesidad de saltar una cerca para atacar por el hostigamiento de una gran cantidad de hombres. “Supuestamente quiso tirar una granada”, se dijo en su momento.
Según el ex infante viedmense “cuando desembarcamos atrás de la avanzada nos enteramos de la herida mortal del capitán, lo cargaron en un helicóptero para trasladarlo al continente y falleció en el viaje”.
El primero cometido encargado fue desarmar a los británicos, descargar sus armas y mantenerlos bajo vigilancia estricta.
La compañía de Ragnaugh estuvo hasta el 7 de abril sin disparar un solo tiro de mortero. Los devolvieron después al continente y la base original por espacio de 15 días. Luego la compañía del joven viedmense fue embarcada en un avión que los depositó en Río Grande.
En la estancia Menéndez Behety realizaban patrullajes, y dormían en los corrales de ovejas haciendo frente a las heladas.
Un determinado día les anuncian que partirían hacía Malvinas nuevamente. Los cargaron en un camión y tuvieron mucho tiempo de espera en el aeropuerto.
“Nos llegó al rumor de que en las islas estaba todo muy complicado, todos decían ir en ese momento era bajarse o ser carne de cañón porque estaba lleno de ingleses. Después nos informaron que ese 14 de junio, Argentina se había rendido. Nos volvimos, y yo estuve en la marina hasta octubre de 1982”, concluyó.
Guarda como souvenirse un envase de sal malvinense y un rosario que entregó en el barco el capellán Vicente Martínez Torrens. Hoy su relato en su casa de Viedma, y junto a su familia, se mantiene con total frescura.