2022-04-01

A 40 años de la guerra

En primera persona, la historia de Omar Lacaze el héroe de Malvinas que vive en Villalonga

Fue tripulante del crucero General Belgrano y uno de los sobrevivientes.

Al conmemorarse el 40 aniversario del desembarco argentino en las Islas Malvinas y el  Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra, NoticiasNet dialogó con Omar Lacaze ex combatiente y vecino de la localidad de Villalonga, quien recordó los momentos vividos en el crucero Belgrano, hundido un 2 de mayo de 1982.

En primer lugar al pedirle una reflexión por la fecha, Lacaze expresó que “ha pasado el tiempo, en ese entonces era muy pibe,  tenía 20 cuando fui parte de la guerra de Malvinas. Aún hoy recuerdo que habían pasado casi 40 años de la segunda guerra mundial y eso parecía todo tan lejos, pero nos tocó vivir la guerra en carne propia”.

Ahora, a 40 años de la guerra de 1982, “las cosas han cambiado mucho, al igual que el país y el mundo. En mi caso particular todos los años esta fecha me genera mucha nostalgia, me llegan los recuerdos, porque uno lo vive de una manera que no se puede olvidar”.

Justamente recordando aquel año Lacaze comentó que “en ese entonces tenía 20 años de edad y mi historia con las Islas Malvinas es muy particular porque no me tocó la colimba. Yo fui a la Armada porque quería estudiar en la universidad, en Bahía Blanca. Como no tenía quien me banque, mi viejo había muerto,  buscaba trabajo como electricista, porque soy Técnico Electromecánico, me recibi en la Escuela Industrial de Viedma”.

Por esta razón “fui a la Armada, rendí para ingresar como Electricista, pero lo que me pagaban era muy poco y no alcanzaba para bancar los estudios, entonces decidí volver a Viedma. Aclaro que soy de  Villalonga, pero vivi muchos años en la capital rionegrina”.

Al momento del sorteo para realizar el servicio militar obligatorio “me salvé por número bajo, pero cuando estuve rindiendo en la Armada me dijeron si quería sumarme. Así fue como finalmente ingresé en el año 1981”.

Crucero Belgrano

Al preguntarle por su historia en Malvinas, señaló: “Soy un sobreviviente del crucero General Belgrano. Recuerdo que ese año, 1982, se cumplían los 40 años de Per Harbor y los norteamericanos querían que fuéramos a un acto por el aniversario, porque el buque se había salvado del ataque japonés”.

En este punto hay que recordar que el buque fue comprado por la Argentina a EEUU por el entonces presidente Juan Perón en 1951.

“Nosotros estábamos en dique seco, preparando la nave para ir a EEUU, no pensabamos en la guerra. El 2 de abril, el día del desembarco, nosotros nos quedamos porque la nave no estaba preparada, salimos recién el 16 de abril directamente al teatro de operaciones”.

El 2 de mayo, en tanto, “nos atacó submarino nuclear británico Conqueror, alrededor de las 16 sentimos que nos pegaron dos torpedos y uno pasó de largo. El primero hizo un hueco muy importante y fue como si nos hubieran levantado en el aire, eso que el barco tenía 183 metros de largo, pero se sintió. A los pocos minutos impactó el segundo torpedo, que pegó cerca de donde estaba, en la zona alta”.

En esos momentos todo era incertidumbre y los tripulantes sabían lo que se venía, “yo estaba con un muchacho del Norte, éramos muy amigos porque a mi me gustaba mucho el futbol y él era el arquero”.

El joven no sabía nadar, se puso el salvavidas y como todos arrojó al agua, “no había nada, era cielo y agua, no había muchas posibilidades de sobrevivir. Además nunca habíamos hecho ejercicios con la balsa, después de la guerra si, pero antes nada. Recuerdo que nos despedimos y dijimos en algún momento nos veremos. Le decía que no se preocupara, que nos iban a rescatar”.

El joven se llamaba Ricardo Rearte y está aún como desaparecido, erade la provincia de Santa Fe.

Mientras ocurría todo esto “mi balsa se habían ido, así que me tiré al agua por una soga, de las que se ataban las balsitas. Una vez en el agua helada vi que a unos 20 metros había una balsa, era lejos, mucho más con toda la ropa y el agua bajo cero, era un panorama terrible. Así y todo logré llegar, pero el viento nos hizo pegar contra el casco barco y ahí quedamos”.

Más allá del ese primer terrible momento, “el barco nos perdonó, porque se hundió, pero no nos chupo,  si quedamos dando vueltas por el remolino que se armó, pero por suerte no pasó de ahí”.

El rescate

En la balsa “estuvimos unas 36 horas con un temporal muy fuerte, con viento, lluvia y granizo. En el mar había olas de 8 o 10 metros, una locura, en un momento estabas en la cresta de una ola, pero al lado había otra más grande y al costado un vacío que parecía un hueco”.

En el mar “quedamos unas 20 balsas, pero no nos veíamos uno a otros porque el temporal era muy fuerte. Con el viento, el frio y el mar, se nos rompió el techo, se nos pichó la balsa, la verdad que no me explicó cómo nos salvamos”.

Durante las 36 horas que estuvieron en el agua helada los jóvenes combatientes tuvieron que soportar de todo, frio, hambre y miedo, “hasta que nos recató el Aviso Remolcador "Aras Gurruchaga", que era uno de los buques que llevan cartas, comida, abrigo, etc. Este buquecito fue alertado de nuestra presencia por un avión. Encontró la posición, pero no estábamos, vio petróleo, nada más. Por suerte insistieron con la búsqueda y nos encontraron”.

El Aras Gurruchaga “era un buquecito para 40 personas, pero subimos todos los que pudimos. Aún recuerdo cuando apareció, estábamos congelados y de repente vimos una luz, queríamos avisar, que nos vieran, teníamos la caja de bengalas, pero no había ninguna, teníamos la linterna, pero no tenía pilas, por suerte el barco nos iluminó y ahí nos encontró”.

Según recordó Lacaze, “del lugar del  hundimiento, aparecimos a unos 170 kilómetros, como yendo para la Antártida. En 36 horas la balsita se movió así, por el clima y el mar”.

Tras el recate “llegamos a Ushuaia en el Gurruchaga, éramos unas como 400 personas en un  barco para 40. Cuando nos subieron la ropa nos la sacaron a pedazos, pero ellos nos dieron las pocas prendas que tenían, nos dieron la comida que había y nos salvaron”.

Una vez un Usuahia, “nos llevaron al aeródromo y ahí en los galpones nos dieron un poco de ropa, yo tenía un pantalón, un poncho y dos zapatos del mismo pie, porque no teníamos ropa. Ahí nos dieron un mameluco térmico y algo de comida. Después nos trajeron en tanda hasta la base aeronaval  Comandante Espora”.

En la Armada “estuve hasta el año 1984, cuando se me terminó el contrato no quería saber más nada, con nada, no estaba bien, me quería ir a la montaña, tenía amigo en El Bolsón, me quería ir para allá, pero mi madre me convenció para quedarme y buscar trabajo. Tuve suerte porque me lo ofertaron, un 3 de enero de 1985 ya estaba trabajando”.

Villalonga

Desde entonces Lacaze ha estado en su localidad natal Villalonga, que “por ser un pueblo chico siempre me han tratado muy bien, no sufrí tanto como otros ex combatientes de las ciudades más grandes, allí  todo es más frío y en particular con quienes habían estado en Malvinas”.

En Villalonga “siempre tuve un buen recibimiento, en las escuelas, en las charlas con los chicos, en los  homenajes, de hecho el año pasado le impusieron mi nombre a una calle”.

Actualmente Omar Lacaze está casado con Mariela, con quien tiene dos hijos “uno es Ingeniero Civil -Andres Omar- y tengo una hija -Luciana Belen- estudiando en Bahía Blanca. Los primeros años fueron bravos para todos, la década de 80 y 90 fue muy difícil, después nos dieron las pensiones, y hubo reconocimiento, eso fue por el año 2005, de ahí en adelante hemos tenido el reconocimiento que nos merecíamos. El tener trabajo me ayudó mucho, fue como una terapia para mi”, cerró Lacaze, un héroe de Malvinas que vive en la pequeña localidad de Villalonga.

Te puede interesar