La sangrienta dictadura del ´76, y una anécdota de la vida cotidiana de entonces en Viedma y Patagones
Hugo Evans es un ciudadano de Patagones. Era chofer de colectivos de la desaparecida empresa Manuel Benítez e Hijos en los años de plomo cubriendo el trayecto en esa ciudad y Viedma.
Recuerda que en los albores de ese período oscurantista estaba en servicio trasladando a Viedma a una treintena de personas que venían a trabajar a esta ciudad desde la orilla norte.
En el destacamento policial de Viedma en la falda del puente Ferrocarretero –único por entonces-, un efectivo de la Rionegrina –a quien conocía por ser pasajero en algunas ocasiones- pidió que detenga la marcha. Ni bien el transporte frenó, detrás del uniformado aparecieron 15 soldados empuñando ametralladoras
El militar a cargo del operativo de control subió al colectivo, y de muy mala manera ordenó que desciendan todos. Ya abajo pidieron documentos, y para sorpresa, cuenta Evans, “la mayoría no lo tenía”.
En los pasajes históricos de ese momento que el entonces chofer trae a la memoria, indica: “El sargento dijo quiero que se acostumbren a andar siempre con los documentos, quedan detenidos hasta que aparezcan”.
Apunta que por 1976 “no había muchos teléfonos y ni hablar de celulares, yo conocía a casi todos, y anoté donde vivían” y si “todavía me faltaba una vuelta del recorrido para terminar mi turno, paré frente a las oficinas de la empresa, informé, me reemplazaron con otro chofer para completar el turno, y me fui”.
Tuvo una actitud solidaria. Se encargó de ir a los domicilios de los detenidos e informar. La mayoría de los familiares le entregaron los documentos para que se haga cargo de llevarlos y los otros se encargaron ellos.
“Aproximadamente a la tres de la tarde llegué con los documentos (a la comisaría), nadie había almorzado, y entre ellos había personas mayores”, concluye.