2022-03-14

La aventura del cruce de los Andes, tras los pasos de San Martín

Quién dijo que había una edad determinada para cumplir un sueño ?. ¿Quién se puso un límite para soñar?. Un grupo de jinetes de la región se propuso realizar el “Cruce de los Andes” por el mismo camino que hizo el Ejército comandado por José de San Martín entre enero y febrero de 1817.

Y antes de dejarse intimidar por los peligros, se imaginaron la aventura. Viajaron a Mendoza para unirse al grupo mayor y desde allí pudieron repetir aquella hazaña, atravesando senderos a 4.000 metros de altura, cabalgando por un camino escarpado y estrecho, con muchas subidas y bajadas, con curvas pronunciadas. Un gran esfuerzo, un gran desafío, y la posibilidad de contemplar una naturaleza increíble en un lugar histórico.

El grupo estuvo integrado por Luis (71 años) y Laura (64) Grzona; Ignacio Urtazun (coordinador del grupo); Estela Rodriguez (54); Magdalena Quirno Costa (44), Marcela Zapata y Mariano Rivanera (46). Ellos se propusieron realizar el viaje, se prepararon especialmente con un entrenamiento que incluyó una previa en la zona cordillerana de San Martín de los Andes; y finalmente el traslado a Mendoza.

La travesía contó con la guía de baqueanos del lugar, que además dispusieron de la caballada y las mulas para llevar la carga básica (como en el siglo XIX, la comida, los colchones, los abrigos, tuvieron que transportarse de esa forma).

Laura Grzona contó que la propuesta llegó en forma azarosa. “Mi hermano lleva a su hija a un grupo de equinoterapia y de allí surgió el proyecto. Me preguntó si lo acompañaba y le dije que sí”, recordó.

Laura es una mujer muy activa: camina, practica natación, juega al tenis y hace yoga. La equitación, reservada para algunos paseos de vacaciones. Encima, algunas peripecias personales que le agregaron obstáculos en el camino, como una enfermedad de su esposo que tuvo que ser intervenido de urgencia. Pero nada le hizo cambiar de idea.

“Fue una experiencia fantástica, maravillosa. Un desafío de convivencia, de soportar el frío, dormir al aire en el libre sobre el recado del caballo”, comentó. El gran premio era la posibilidad de contemplar lugares de una belleza especial, de grandes contrastes. Y las estrellas, por supuesto: “a la noche, el cielo es una cosa diferente. Están a tanta altura que pensás que estirando la manos vas a atrapar una estrella”, contó maravillada todavía.

Claro que la aventura no fue nada sencilla. “Hubo momentos difíciles, claro que sí. Momentos en que hasta pensás en volverte, pero no podés. Todo es tan especial. Además, uno se hace fuerte apoyándose en el resto del grupo”, relató Laura.

El grupo, integrado por los siete jinetes rionegrinos y neuquinos, salió de Tupungato hacia el refugio de “Mula Muerta”, ubicado a 3.000 metros sobre el nivel del mar. Ese fue el punto de aclimatamiento para la altura. Al día siguiente ya encararon la alta cordillera, cruzando el cordón montañoso conocido como Portillo Argentino, a 4.300 metros sobre el nivel del mar, el mismo que utilizó la división del capitán José León Lemos en la expedición a Chile.  Después de seis horas de cabalgata llegaron al Real de la Cruz, en el Alto Valle del Tunuyán.

Al tercer día, la expedición realizó solo actividades recreativas en la zona, que incluyó una cabalgata de dos horas río arriba hasta las cascadas del Tunuyán. Durante la cuarta jornada llegaron al cerro Mesón San Juan, un impresionante macizo de 5.500 metros, y tras cinco horas de recorrido regresaron al campo de descanso.

En el quinto día llegaron al límite con Chile, cruzando cordones montañosos de 4.000 msnm, donde los cóndores, los guanacos y las liebres son los dueños del territorio. Allí durmieron a cielo abierto, la noche más estrellada e increíble de sus vidas, recuerdan los jinetes.

Al sexto día regresaron al refugio Sacarabelli, en Mula Muerta, desde donde retornaron a Mendoza.

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