Un auto estuvo años en un taller de Viedma por denuncias cruzadas: qué dice el fallo judicial
La historia comenzó cuando una persona acudió a una concesionaria y compró un Chevrolet Aveo usado. Al día siguiente advirtió que la bocina y el estéreo no funcionaban. Fue a la agencia y se lo arreglaron. Hasta acá, cuestiones normales que se resolvieron sin conflictos de por medio.
Sin embargo, dos semanas después, en el tablero del coche se prendió una luz amarilla. Como estaba en garantía, lo volvió a llevar para que se lo revisaran. Se lo devolvieron enseguida y le dijeron que no presentaba ningún problema, que todo funcionaba correctamente.
Al mes siguiente, el auto se quedó en el medio del Puente Viejo. Se volvió a prender la luz amarilla, y quedó ahí. Lo llevó al taller de la concesionaria, donde le reiteraron que no había ningún desperfecto. A los dos meses la luz amarilla se volvió a encender pero el diagnóstico siempre fue el mismo.
Ya fastidiado, porque lo que le decían no se condecía con la realidad, decidió dejar el vehículo hasta que se lo arreglen. En el taller le cambiaron el cuerpo de aceleración y le dijeron que debían abonar los gastos. Se negó porque el vehículo, según él, estaba en garantía. Finalmente llegaron a un acuerdo, pagó el 50 por ciento y lo retiró.
Dos meses después le puso un equipo de GNC. Al poco tiempo, el vehículo directamente dejó de funcionar, lo volvió a llevar al taller donde, porque no se lo quisieron arreglar si no pagaba, y así quedó durante más de cinco años.
La versión del taller sobre este último ingreso que generó la discordia, dice que los mecánicos verificaron que tenía el módulo del sistema eléctrico dañado, posiblemente por la deficiente instalación del equipo de GNC. Ese arreglo era costoso, lo cotizaron, pero que entonces el cliente, según comentaron “comenzó el litigio para evitar pagar el arreglo”. Añadieron que “el vehículo no ha sido retirado del taller y por ende también adeudan los periodos de depósito”. Declararon que intimaron varias veces para que retire el auto, pero no se llegó a nada.
Los fallos
Los jueces encuadraron el caso como una relación de consumo. Entonces, actúa un perito mecánico externo, que concluyó: “El vehículo Chevrolet Aveo vino montado de fábrica con un cuerpo de aceleración electrónico el cual era muy común que se rompiera con el pasar del tiempo de uso como lo hacen los cuerpos mariposa de los Renault Clio, Renault Symbol, Fiat Siena, Fiat Palio”.
Refirió que “el cuerpo de aceleración es una pieza que sufre desgaste y debe ser reemplazada cuando el vehículo lo requiera, plazo que no se puede medir en kilómetros, ni meses, debido a que varia la forma de uso del propietario”.
Se presentaron algunos testigos, que dan cuenta de los padecimientos de la pareja que compró el auto por no poder contar con el vehículo.
Tras analizar la prueba, el juez concluyó: “No se ha probado con el informe pericial que haya directa relación respecto de la causa actual de desperfecto de la computadora ECM del vehículo en cuestión con la reparación efectuada por el taller”.
Por otro lado, hicieron hincapié en que ya se encontraba fuera del plazo de cobertura de la garantía. Se agregó que la rotura se produjo luego de la instalación de un equipo de GNC.
Conclusión: todos los gastos, por el arreglo y los años que estuvo el auto guardado en el taller, corren para el comprador. El análisis llevó a que la Justicia entendiera que el comprador actuó mal y que por eso se deberá hacer cargo de una importante deuda.