2021-11-11

"Pelala" Calvo, el hombre que lleva casi cuatro décadas como arquero en la liga barrial

Nada que envidiarle a Gianluigi Buffon, quien todavía defiende los tres palos a sus 43 años. Conocé la historia de superación de este fanático del fútbol.

El fútbol barrial viedmense tiene tantas historias como protagonistas, de los cuales todos comparten la pasión por la redonda desde lo más profundo. En esta aventura de explorar todo lo que pasa en el fútbol más parecido al potrero, nos encontramos con un personaje especial, alguien que tiene la posición más ingrata dentro del campo de juego.

Se trata de Ángel "Pelala" Calvo, quien es el 1 de Central Viedma, uno de los clubes animadores de la Copa Libertadores de los barrios. Fanático de Chevrolet posó para nuestras cámaras en su 400.

De chico jugó de 4, pero a los 18 le tocó ir al arco y desde ese momento nunca más colgó los guantes. Hoy tiene 53 años, por lo que lleva 35 debajo de los tres palos. Su trabajo formal es en una forrajería de la calle Schieroni, esquina San Juan, pero como respira fútbol los días que le toca jugar pone el cartel de "Cerrado" por una hora y media.

"Los días que nos toca jugar al fútbol, que son de las 5 y media de la tarde y hasta las 7 y media, juego al fútbol, llegó a mi casa, me lavo un poquito, me cambio y de vuelta al trabajo", explicó.

"El fútbol es lo más lindo que hay, es un sacrificio, yo me levanto a la mañana, hago las cosas que tengo que hacer, tomo unos mates y voy a trabajar. Pero los días de fútbol me voy para la cancha", comentó.

"Pelala" siempre atajó para los equipos de barrio, porque le gustan los duelos picantes, es cuando más se agranda. "Es un puesto con mucha responsabilidad y es el más ingrato. Yo arranqué en un equipo de un amigo que se llamaba Club Municipal de Viedma y la cancha estaba ubicada entre las calles 12 y 13. Y he sacado pelotas imposibles en los ángulos, de todos lados, ser arquero es lo que más me gusta".

Lo vinieron a ver otros clubes, como San Lorenzo de Bahía Blanca, pero como no quería dejar a su familia se negó a irse.

Entre sus recuerdos más lindos contó una final que disputó contra Santo FC, en cancha de San Martín. Era un rejunte de jugadores, por lo que ya ni se acuerda el nombre de su combinado. Empataron 0 a 0, fueron a penales y se puso una vincha negra y amarilla de su tío Pappo, ya fallecido, que justo era de la parcialidad rival. Atajó 4 de los 5 penales, salieron campeones y salió a festejar ante una multitud de Santo que copó toda la cancha. "Lo más lindo de todo fue ir hasta la hinchada contraria, entregarles la vincha que me había dado mi tío y saludar a cada hincha del Santo con la mano... lo más lindo de todo fue que me aplaudió el equipo contrario".

Precisó que en ese momento le pagaban 200 pesos por partido, ya que era trabajador independiente y si no trabajaba no podía llevar el pan a la mesa. Entonces sus propios compañeros hacían una "vaquita" y aportaban para no perder a su estrella. Después siempre atajó por amor a la pelota, lo que pasa en general con todos los jugadores de las barriales. Ahora milita en Central Viedma, donde salieron campeones tres veces.

Ante la pregunta de ¿cómo hace para mantenerse?, sostuvo: "Hay que entrenar todos los días, con los chicos de Central Viedma salimos al boulevard con el Lenteja Muñoz, que nos pide un poco de fútbol, pesas, te enseña a cómo pegarle al fútbol para no pegarle como viene. Al fútbol tenés que darle un poco de cariño, pegarle bien con el costado del pie... después hago piernas con una bicicleta viejita en mi casa".

Cualquiera desde afuera puede decir que a sus 53 años debería estar en la división de veteranos, pero "Pelala" señaló: "A mí me encanta jugar en donde más rápido me lleguen, porque me da más adrenalina, los pibes mismos me dicen que me deje hacer un gol, que me pagan una damajuana de vino si me dejo hacer un gol y yo me agrando más. A mí me pone re contento que, a mi edad, un pendejo me patee cinco o seis veces y yo le ataje todas. A mí me gusta jugar donde hay competencia, hasta que el cuerpo me diga basta".

Calvo se identifica mucho con la personalidad del "Dibu" Martínez, quien se agiganta en los penales y se come a los rivales mentalmente. Localmente, tuvo como referencia a su compañero "Gorra de Goma" Gutiérrez, apodado así por su elasticidad en el arco, quien se lesionó y Calvo le robó el puesto.

Por otro lado, el guardametas se quebró dos dedos por una salvaje patada en un partido barrial, por lo que estuvo un tiempo afuera de las canchas que justo coincidió con el parate general por la pandemia. Ni bien se recuperó se volvió a poner los guantes, puesto que contener los balones ya es su oxígeno para vivir.

Siempre peleándola

Por fuera del fútbol, como todo laburante, "Pelala" la rema en dulce de leche todos los días.

Se lanzó a la pileta con su propia forrajería en la calle Schieroni, pero él mismo aclaró: "Yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar, con lo poco que tengo me alcanza. Estoy acá y también lo que me gusta es cazar vizcachas en el campo. Cuando no tenía trabajo cazaba vizcachas, me venía cargado con las bolsas caminando o en bicicleta, con mi señora las limpiábamos y las vendíamos".

Después su esposa estuvo mucho tiempo vendiendo roscas, facturas y tortas fritas. "Siempre remándola y la seguimos remando, hoy en día está todo muy difícil, y no tiramos manteca al techo pero estamos un poco mejor de lo que estábamos".

Su familia está compuesta por su señora, su hijo mayor de 34 años que también siguió sus pasos debajo del arco y otros dos muchachos que tienen el pecho inflado por el lugar de privilegio que su papá se ganó en el fútbol.

Por último, le consultamos el origen de su peculiar apodo. Dijo que "Pelala" era una mujer que estaba paseando por la calle, sus amigos la llamaron y Calvo se dio vuelta como quien no escucha bien y mira para donde están hablando por las dudas. Desde entonces le quedó el sobrenombre de "Pelala". 

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