2021-11-06

Historia barrial

Villa Lynch: un club cuyo amor no tiene edad y su sede se construyó ladrillo por ladrillo en el tercer tiempo

Dialogamos con los referentes de la categoría de veteranos, quienes se consagraron campeones en el último torneo. Se lo dedicaron a su compañero fallecido Quincho Echague. Una historia de fidelidad a los colores.

Por Fernando Manrique

fmanrique@noticiasnet.net

Fotos: Vanesa Schwemmler.

La Comarca está llena de hinchas de River, de Boca, de Independiente u otros grandes de Primera, pero cada barrio tiene sus propios colores y la devoción por ellos se llevan hasta la tumba.

El verdadero fanático de un club de barrio sufre más cuando pierde el equipo de su calle que cuando no levanta cabeza el conjunto que ve por la tele.

Este amor por el barrio se va mamando desde chico y llega hasta el final de los días. Un caso ejemplar es el de Villa Lynch, que tiene 60 años y construyó sus cimientos a base de esfuerzo y de fidelidad por los colores. Actualmente, tiene más trofeos que años, su vitrina revienta de copas, pero se mantiene inalterable su ambición de ir por más.

Dialogamos con los referentes campeones del último torneo de veteranos, quienes se criaron en la sede de Lorenzo Vinter y hoy educan a los más chicos sobre el camino a seguir.

Tal como se refleja el espíritu de familia y de solidaridad, parecía que estaban poniendo la mesa para un cumpleaños, pero en realidad nos agasajaron con una picada. Así es Villa Lynch, se comparte lo poco o lo mucho que tenga cada uno.

Ligados al club toda la vida

El primero en tomar la palabra fue Roberto Calderón, el vicepresidente de Villa. De 56 años. Comentó que no conoce su existencia sin la V: "Ya de chiquito jugaba a la pelota en el barrio, así que el club para mí significa mi segunda casa. Desde chico veníamos a jugar al fútbol y a la fiesta de fin de año con nuestros padres. Tenemos la suerte de seguir jugando después de más de 50 años, con los compañeros con los que he nacido prácticamente".

En cuanto a su lugar en la cancha, indicó: "Generalmente juego en el mediocampo, hacia adelante, en los laterales. Siempre mantuve esa posición pero a requerimiento del técnico no tengo problemas en jugar en otra posición. A veces en los barrios hay que completar posiciones del equipo y se juega en donde dice el técnico" y completó que sus referentes son el bravo tridente de 1970 Mincho Huircapán, Patón Ullua y Domingo Payalef que hoy es su DT.

Otro apellido ligado al nacimiento de los villeros es el de Huircapán. En este caso hablamos con Daniel, de 52, quien desgastó todos sus botines en los picaditos en la cancha de tierra y en el último campeonato fue el máximo artillero. "Nos criamos acá y tenemos un montón de anécdotas de chiquito, estoy más que feliz porque el barrio es una familia unida".

En cuanto a su posición, señaló: "Siempre he tenido la suerte de jugar de enganche. Cuando era chico a veces jugaba por la izquierda y fueron las dos posiciones que más utilicé. Hoy estoy jugando un poco más cerca del área y me están obligando a patear al arco, ahora estoy más ambicioso por el gol aunque siempre fui de hacer pases".

La particularidad de Huircapán es que tiene un historial negro de lesiones y volver a un campo de juego es una bendición. "Tuve hernia de disco, tengo operaciones en el cruzado y meniscos de la rodilla de la izquierda. Pero gracias a Dios hoy sigo jugando, que es lo que más me gusta. Estoy disfrutando mucho, antes entraba a la cancha ciego y no disfrutaba nada y ahora me conformo con que hayamos dejado todo".

El tercer entrevistado fue Guillermo Peralta, de 57 años, un hombre de rostro serio pero de corazón noble según lo que dicen sus conocidos. Su papá fue uno de los fundadores, sus hijos ahora son parte de las categorías inferiores y seguramente sus nietos también se pongan la azul y blanca. No dudó en decir: "Es un club que se lleva en el alma, se lleva en la sangre, gracias a Dios tengo a mis hijos que son jugadores del club y con 57 años sigo jugando con los muchachos, es una pasión que tenemos por el club".

Peralta es una especie de Enzo Pérez, porque ha jugado de 5, de 8, de 2, de 4 y hasta de arquero cuando no pudieron completar el plantel. Las agallas, para no decir lo que ponen las gallinas, son tan grandes que defiende a la camiseta en cualquier parte de la cancha. Sin embargo, siempre el mérito es del equipo: "Es un grupo que siempre se ha mantenido unido, hace años que estamos y tuvimos la suerte de ganar muchos campeonatos. Tuvimos la suerte de jugar las últimas cuatro finales, dos perdimos y las otras dos ganamos pero siempre estamos arriba".

El grupo humano, la fórmula del éxito

Juan Carlos Maurer, de 52, es uno de los futbolistas adoptados. Se vino de San Antonio Oeste hace 20 años y no se fue nunca más. "Estoy muy contento de estar en el club y participar. Hemos ganado muchos campeonatos y ojalá que ganemos muchos más. La gente te brinda lo poco o lo mucho que tiene, así que estamos muy contentos de pertenecer a este club", precisó.

Arrancó de 5, pero ahora está en el fondo como 2. También fue punta y hasta se puso los guantes, dado que la división de veteranos a veces no se llega a los 11 por lesiones o cuestiones de trabajo.

¿Y Cuál es la fórmula para siempre ser protagonista? Maurer respondió: "El secreto de haber llegado a las cuatro finales es el grupo que tenemos, la calidad de personas que tenemos en el grupo y como nos vamos apoyando. Han venido jugadores nuevos y los que se adaptan se quedan toda la vida porque es un grupo hermoso. No tenemos grandes jugadores, pero el secreto es que es un grupo humano hermoso".

En la mesa de entrevista también participaron Oscar Huircapán, quien nunca debutó pero forma parte de la comisión directiva y es uno de los que está firme para sacar adelante al club. Se venden empanadas, se organizan rifas, hasta se saca plata de los propios bolsillos para salir adelante.

Roberto Huaracán, de 55, tampoco juega pero su función es elemental. "El Beto" es el utilero de las tres categorías más grandes. "Estoy orgulloso de estar en mi querido barrio, es una pasión estar acá y me encuentro muy bien. Mis hermanos jugaron en Villa Lynch y estoy muy feliz con este club. Es el club más grande. Es una satisfacción muy grande para mí estar en el barrio y voy a estar acá hasta que me muera, hasta que la muerte nos separe", relató.

Sin dudas, todos son una pieza elemental para el andamiaje del motor.

El recuerdo de Quincho

En mayo de este año, Villa Lynch sufrió un mazazo con la noticia que nadie quería escuchar. Sandro Quincho Echague, quien militaba en veteranos, falleció a los 53 años a causa del maldito coronavirus.

Fue un golpe anímico devastador, una herida que todavía sigue sin cerrarse.

Daniel Huircapán se refirió a su figura: "Sandro nos ha dado una mano muy grande", pero luego no pudo contener sus lágrimas y no pudo hablar más. A veces las palabras sobran.

Roberto Calderón, también con un nudo en su garganta, explicó: "Este campeonato que logramos se dividió en dos por la pandemia, a mitad de la pandemia cuando se volvieron a cerrar las concentraciones de gente y lo deportivo, tuvimos la mala fortuna de perder a un compañero, a nuestro amigo Sandro Echague. Nos costó muchísimo mentalmente, sentimentalmente sufrimos todos porque era una persona que se brindó siempre por el grupo e incluso ayudando a las instituciones en todas las cuestiones colaborativas".

Amplió: "Nos costó mucho salir adelante y a la vez nos dio mucha fuerza para afrontar la segunda parte del campeonato, en virtud de tratar de ofrecerle el campeonato a él y a su familia, más allá de que lo deportivo quedó en forma secundaria. La partida de él nos dio una fuerza extra para poner todo en la cancha y lograr el campeonato que está dedicado a él".

Carlos Maurer también lo recordó como un ser de luz. "Sandro siempre nos incentivaba a quedarnos en el tercer tiempo a tomar algo, a comer un choripan y mirar los otros partidos del club. Después nos juntábamos a marcar la cancha, a poner las redes, a hacer el bufet en la cancha, con esfuerzo propio pegamos ladrillos, sacamos tierra, lo que sea, y eso unió más al grupo".

Acción social

El humilde Villa Lynch fue fundado en 1961 por Olegario Calderón y siempre se armó de abajo. Cuando se consiguió un terreno para la sede "los mismos jugadores después de cada partido venían a pegar bloques y ahí se dio inicio al salón que hoy sigue en pie".

En la parte social, el club siempre fue una institución de contención a través del fútbol. Calderón manifestó: "Todos los chicos del barrio querían venir a jugar al club, a partir de ahí siempre hubo gente que les dio los consejos pertinentes. Hoy se cede el espacio para distintas tareas como un taller de panificados sin cobrar nada".

De todos modos, esperan una mayor contribución del Estado, habida cuenta que el último aporte que recibieron fue de 25 mil pesos, un monto con el que apenas se pudieron pagar la luz y el gas, cuando otras instituciones con más espaldas tienen contribuciones más grandes.

Humildad, solidaridad y familia son tres conceptos que engloban a Villa Lynch.

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