Mujer empoderada de Viedma: es fletera, albañil, mecánica y limpia terrenos
Si bien en los tiempos que corren la mujer va ganando un lugar por derecho propio en ciertos ámbitos, aún queda mucho terreno por recorrer. Un camino por explorar. Sin ir más lejos, en el ámbito laboral ciertas profesiones se siguen clasificando por género. Cuando una mujer entra en un sitio que históricamente fue visto como lugar destinado para el hombre se generan miradas de reojo, discriminación y el machismo aparece a flor de piel.
Lorena Paileman es una vecina de Viedma que decidió revelarse y perseguir un sueño sin importarle el que dirán. Su historia de vida merece ser conocida y reconocida por la sociedad y aquí estamos, a punto de desmenuzar cómo es su día desempeñándose en distintas actividades que son para los 'hombres'. Durante el recorrido la risa y la angustia se van a ir entrelazando.
El sacrificio comenzó en su infancia, con metas vinculadas al deporte. Lorena ganó la primera Maratón Stilo que se corrió acá. Tenía 14 años y luego de terminar su competencia, aún con el cansancio sobre su cuerpo, le propusieron correr en otra categoría y aceptó. "Enseguida dije que sí, no perdía nada. Salí primera, hasta le gané a Martínez, una chica que en ese entonces era campeona nacional".

Cuando fue madre dejó de correr profesionalmente. Sin embargo, siempre fue su cable a tierra. "Correr me ayuda a liberar la cabeza, me despeja y me saca los pensamientos malos. Hace poquito empecé a entrenar de nuevo para volver a las pistas, porque es mi pasión y no la quiero dejar de lado. Los desafíos son mi estilo de vida, lo que me mueve para seguir adelante en todos los aspectos de la vida".
A la hora de presentarse, de hablar de su trabajo, dispara con orgullo: "Soy fletera, hago limpieza de patios y baldíos, corto césped, soy modista, me dedico a la construcción y a la mecánica... Hago de todo, no hay nada que pueda conmigo".

"Todo esto surgió de mi papá, de él aprendí todo lo que hago", dice y agrega que el año pasado pudo adquirir una camioneta Dodge modelo 69 que no estaba en condiciones. Sin embargo, ella la arregló con sus propias manos, la puso en marcha, y empezó a trabajar para llevar el alimento a su casa, en la que vive con sus tres hijos.
"La camioneta y la pala son mis armas para salir adelante. salgo a recorrer la ciudad, a golpear las manos en los lugares en los que veo escombros o pasto largo, ramas...ando por el barrio San Martín, Barrio Norte, que es gente que ya me conoce y me da trabajo cuando surge", dice y agrega: "El boca a boca me sirvió y la gente me llama porque sabe que soy responsable y trabajo bien".
Marcando un camino
"Me pone contenta que muchas mujeres se fijen en lo que hago, muchas conocidas que no saben que hacer de sus vidas, que vean que se puede salir adelante, pero todo es con sacrificio. La gente sabe que yo pase por distintas etapas complejas, pero salí adelante, siempre levantándome a pesar de todo. Muchos me preguntan como hago, y les digo que tengo tres motivos, que son mis hijos: por ellos, todo", afirma conmovida al mencionar a sus criaturas.
"Todo lo que sé lo aprendí de verlo a mi papá...cuando éramos chicos, él se iba a un obra y yo lo acompañaba, me gustaba ir con él. Viéndolo trabajar aprendí sus oficios. Pasaba que lo veía y no podía evitar no ayudarlo", cuenta Paileman.
"Con la mecánica lo mismo; se ponía a arreglar un motor y yo estaba con él ahí metida, así que de esa manera aprendí. A mi camioneta, por ejemplo, lo que es mecánica simple, lo hago yo", comenta esta mujer empoderada que sin lugar a dudas es un gran ejemplo para la sociedad.

"Soy una mujer que no me conformo con lo que tengo, entonces a mis hijos no les falta nada. Me rompo en mil pedazos, pero a mis hijos no les falta nada; ni comida, ni ropa, nada", agrega a su conmovedor relato de lucha y sacrificio.
Por otra parte, comenta que no recibe ayuda del papá de sus nenes: "No colabora en nada y por esa razón decidí -hace dos años- quedarme sola porque era como que tenia un hijo mas. La relación nunca cambio, es un hombre que quedó resentido de la vida, pero se encontró con una mujer que dijo basta a muchas cosas, a las humillaciones, a estar sola, por eso me separé y vivo con mis hijos, que son mi luz y por ellos doy todo".

Su lucha incondicional
Su manera de hablar deja al descubierto esa energía y predisposición que le imprime a todo. Encara la vida con la frente en alto y su mejor sonrisa, esa que se ve en cada una de las imágenes. Sin embargo, detrás de todo hay sufrimientos. Situaciones complejas que marcan y dejan huella en la piel y en el alma. Cuestiones que para muchos pueden llegar a ser una carga difícil de llevar -también lo es para ella-pero nada la quiebra, todo lo contrario.
"Siempre me levanto a pesar de todo, del sufrimiento, de las lagrimas , de las manos lastimadas que duelen, de un cuerpo cansado por el sacrificio, pero levanto la cabeza, me mentalizo, y salgo. Soy la responsable del hogar, de mis hijos, y nadie los va a atender mejor que yo", remarca, con un nudo en la garganta.

Todo el tiempo, a lo largo de la charla, sus nenes aparen de manera retirada. No los deja de lado, no los abandona en el camino de la vida ni de este relato: "Yo no importo, siempre me dejo para después, pero a mis hijos les doy todo. No me importa quedar para lo último porque quiero que ellos crezcan bien".
Ella trabaja en una empresa de limpieza por la mañana y tiene un suelo fijo que le permite cierta estabilidad. Sabe que la comida en la casa no va a faltar. Sin embargo persigue una zanahoria; la del progreso. Para lograrlo, para tener una mejor calidad de vida, a la tarde sale con su camioneta a hacer horas extras, a hacer la diferencia.
Trabajo de 'hombre'
Sabe que las tareas que realiza, para gran parte de la sociedad, son vista como parte de las que realizan los hombres. Ella más que nadie es una de las tantas que viven el machismo en carne propia y a flor de piel. Y si bien eso lo percibe cada vez menos, hubo un periodo en el que la marcó, llamativamente, en su hogar, y en menor medida puertas para afuera.
Ante eso, comenta: "Hay mucho machismo todavía, mucha gente que te mira de reojo por el trabajo que haces. Es más, lo viví en carne propia, porque no me dejaban pasar una barrera, no podía hacer más que mi compañero con el que estaba. Por eso deje sueños de lado durante 16 años".

"Ahora es distinto, la mujer empezó a revelarse, porque una ve que una mujer pasó una barrera y atrás viene otra que también la quiere pasar y salir a vivir, y así nos vamos sumando cada vez más a esta lucha. Hoy se ve una mujer empoderada. ya no es más la ama de casa, la que cuidada los hijos y nada mas", sostiene.
"Por suerte nunca me pasó que me sacaran de un trabajo porque soy mujer, pero hay casos en los que sí. En mi caso, al contrario...ven como trabajo y me vuelven a llamar. Yo agarro la pala y soy yo. Me hace feliz levantar escombro, usar la pala, aunque mucha veces lloro de cansancio y dolor".