2021-02-24

El lúpulo crece a la vuelta de casa para fabricar cerveza artesanal

Un factor básico para lograr la baja de costos es que la materia prima esté cerca, y el mundo de la cerveza artesanal ya puede contar con ese recurso.

Es que una agroindustria de Viedma comenzó a producir lúpulo, uno de los principales ingredientes que le otorga sabor a esta noble bebida.

Esta estrategia de autosuficiencia, que implica avanzar en una mayor oferta interna, tiene nombre y apellido, en la colonia agrícola del Valle Inferior: la familia Leiza.

Sus integrantes, pioneros en todo sentido,  se fueron consolidando en el mercado de los encurtidos y de la producción de frutos secos (Industrias Zopilote).

Ahora incursionan en este nuevo rubro para proveer a los artesanos locales –con una elaboración en ascenso- y vender el excedente en otras latitudes.

En medio de tanto despliegue, Andrés Leiza cuenta a Noticias que la primera experiencia de producción arrancó en 2018 con la incorporación de las primeras plantas.

Con el paso del tiempo, comenzaron a cosechar  nueve variedades de plantas como Nugget, Cascade o Magnun, muy conocidas en la producción de Europa o norteamericana.

Se trata de variedades, algunas,  con perfiles más aromáticos para que la cerveza tenga unos toques más herbales y más frutados, y otras con mayor perfil del amargor.

El vínculo, desde entonces, siempre estuvo ligado a El Bolsón –cuna productiva por excelencia-, donde  la familia entabló relaciones con productores y un experto en el tema de la producción de lúpulo –Ricardo Palma- les transmitió conocimientos del manejo del cultivo.

 

 

Otro eslabón en la cadena productiva familiar es el apoyo que Andrés y su esposa Josefina Ordás –también cara visible del proyecto- lograron del   Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (IPATEC) que fue creado conjuntamente por la Universidad Nacional del Comahue y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET).

Como presta servicios tecnológicos, sus estratégicos análisis que  entrega análisis de la cosecha que luego permiten brindar al productor de cerveza artesanal las características de las resinas que definen el amargor como los alfácidos que marcan la cantidad de sabor que aportarán luego en la cocción del mosto cervecero.

"A partir de esta presentación (técnica) –apunta Andrés- cada una de nuestras cosecha, tiene un relevamiento de calidad y cualidad que luego se le entrega al fabricante".

El objetivo del cultivo es poder ir aprendiendo y desarrollando, con un total de 80 plantas, y ahora arrancamos con la cosecha de Cascade, y en el transcurso del tiempo se llevan invertidos unos 200.000 pesos, resume.

La producción sale con el sello "Bieder", y algunos fabricantes locales están interesados en probar. Sin embargo, también hay reservas para ventas "on line" a Buenos Aires y distintos puntos del país.

 

 

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