No hacer nada por un rato, una consigna que tu cerebro agradecerá
En épocas de hiperconexión y sobreocupación, dedicar una parte del día a divagar, a perderse en las ensoñaciones, a hacer literalmente nada, puede suponer una mejora en la salud de nuestras neuronas, necesitadas de un descanso que nuestra sociedad, hiperconectada y sobretecnologizada, se esfuerza en negar, sin pensar en los riesgos que esta actitud representa para nuestra salud.
Vivimos rodeados de estímulos, y no sólo eso, sino que consideramos esta sobreestimulación como un elemento positivo de nuestras vidas. No es casualidad que el exceso de actividades y la falta de tiempo estén entre las principales causas de estrés.
Estas actividades, o mejor dicho “no actividades”, que dan rienda suelta a la pereza tienen un nombre propio: Niksen. Se trata de un verbo holandés derivado del término niks, que significa literalmente “nada”.
Así que podríamos traducirlo como “nadear”. Y nadear es lo que requiere el cerebro para poner sus ideas en orden.
Pero para ello hace falta romper con unas normas sociales que ensalzan el aprovechamiento de todos los momentos del día a la vez quedemonizan la pasividad.
¿Habría descubierto Arquímedes su famoso teorema si no hubiera decidido relajarse con un baño? Y Einstein ¿Habría llegado a la teoría de la relatividad sin sus tranquilos paseos por el campus de Princeton?
Cuidar de nuestro cerebro, darle un merecido descanso de vez en cuando puede marcar la diferencia entre tener una gran idea o dejarla escapar sin darnos cuenta, convencidos de que el esfuerzo puro y duro, combinado con la tecnología, nos llevarán a todas partes, cuando la realidad es que a veces lo mejor para lograrlo todo es no hacer nada.