8M: ¡Estamos acá!
Lidia Sicardi
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Fotos: Nicolás Rodríguez
Durante la jornada del pasado 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, quedó evidenciado el crecimiento del feminismo a nivel mundial.
La comarca Viedma-Patagones no es ajena a esto, porque esto es lo que está pasando y es lo que vivimos día a día.
Esta fuerza es la que se está moviendo y la movemos mujeres que decimos “No nos callamos más”, “Acá estamos”, “Basta”.
Nos pusieron contra la pared en un callejón sin salida, y de allí estamos saliendo, primero solas, después en pequeños grupos, y ahora somos todas en una misma senda donde nos abrimos paso emponderadas.
La masividad de la lucha contra el patriarcado traspasó los límites de las clases sociales y de las generaciones.

El segundo paro internacional de mujeres superó la convocatoria del año pasado. El Ni Una Menos, ese detonante que duele, que nos lleva a abrazarnos, fue el grito de necesidad de lucha, de deconstrucción, el grito de reclamo exigiendo políticas públicas y derechos que nos siguen negando y por los que vamos a seguir luchando.
No solo mujeres, no. Las entidades no hegemónicas también sufren esta desigualdad, y también están presentes. Con elles también nos abrazamos el 8M, porque una sola carencia, una sola agresión, una sola violencia, se transforma en colectiva.
Los espacios no son parejos, no hay igualdad, no ocupamos los mismos cargos ni desempeñamos las mismas tareas, mucho menos percibimos la misma remuneración. Somos minoría para el sistema.
Pero sepan que esta “minoría”, invisibles, negadas, abusadas e intoleradas, se está abrazando y moviendo a través de una nueva ola con marea creciente. Nuestras fases son las que están cambiando y somos quienes llevamos esta marea.
Una convocatoria que recorrió largas calles de Viedma, al principio del recorrido pocas se sumaron, pero no faltó en ninguna cuadra quien saliera a aplaudir, aun en un aplauso con miedo, angustia, pero allí estaban.

Niñas y niños se acercaban y observaban, siendo testigos de una lucha que ellas y ellos mismos seguramente llevarán en un futuro inmediato, porque son parte del sistema que cae en manos del maldito patriarcado, y lo viven, lo sufren, aun en su inocencia.
Bailes, música y cantos. Emotivo homenaje a Silvia, que no está.
"Vecina, vecino, no sea indiferente...".
La indiferencia maltrata, abusa, viola y mata a niñas, niños, jóvenes y adultes sin distinción. La indiferencia dentro del sistema nos deja sin protección, dando la oportunidad a depredadores con la errónea creencia de tener poder y ser propietario sobre otra persona.
Paramos y dijimos basta.
Los colores predominantes durante el recorrido fueron los de lucha feminista, violeta y verde. Violeta contra la violencia de género, verde por la legalización del aborto. Esto no quitó que otras feministas portaran otros colores, porque de eso se trata, de poder decir, poder debatir temas que no querían que debatamos entre nosotras. Y hubo debates mientras marchaban, que si correspondían o no los colores en una conmemoración por la igualdad de derechos.

¿Acaso no es ese el fin? Hermanadas siendo diferentes pero con un mismo fin.
Y lejos de las “confrontaciones” mediáticas y escondidas y disfrazadas detrás de las redes sociales, donde verdes y celestes no logran encontrarse, esta plaza logró que podamos llevar nuestra voz, a favor y en contra, pero llevarla a todas y todos por los derechos universales.
La plaza San Martín fue color, color de mujer, color de géneros no binarios, fue voz, fue dolor, fue alegría, fueron abrazos.
Por quienes estamos, por quienes ya no están, y por quienes llegarán.
El 8M ya no será un día del año, sino un símbolo que nos una en igualdad.