2017-06-02

Todo sobre várices pélvicas

 

Las várices más comunes son aquellas que toman lugar en nuestras extremidades, generalmente en forma de pequeñas redes de venas azules o telangiectasias, como se le conoce científicamente. Sin embargo, existen también otras zonas de nuestro cuerpo que pueden verse afectadas por las venas varicosas. En las mujeres, las várices pélvicas (Síndrome de congestión pélvica) es una de las más comunes, y desafortunadamente, se trata de una enfermedad cuyo diagnóstico no es tan evidente. Te proponemos conocer un poco más sobre esta afectación y cómo evitarla.

 

Cómo surgen


En el cuerpo humano las venas desempeñan una función importante: se encargan de transportar la sangre desoxigenada de los órganos y tejidos de nuestro organismo de regreso al corazón. A diferencia de las arterias, el flujo sanguíneo que toma lugar en las venas, debe contrarrestar la fuerza de la gravedad, y a para ello cada vena de nuestro cuerpo cuenta con un sistema de válvulas que asegura el recorrido unidireccional de la sangre.


Ante un funcionamiento anormal de estas válvulas, o cuando no existen, la sangre se estanca, aumentando la presión sanguínea y provocando un ensanchamiento de las venas. Precisamente, este fenómeno es lo que se conoce como várices, y en el caso de las várices pélvicas, ocurren cuando, ante algunos factores de riesgo como el embarazo, las válvulas en las venas de la pelvis se deterioran, causando una dilatación venosa.

 

¿Sólo durante el embarazo?


En términos estadísticos, un 15% de las mujeres padecen de várices uterinas, especialmente aquellas que han tenido al menos un embarazo, y cuya edad oscila entre los 30 y 50 años de edad. Sin embargo, se conoce que esta patología también puede presentarse en mujeres más jóvenes y sin antecedentes de embarazo.


Actualmente, los factores de riesgo para el Síndrome de Congestión Pélvica no han sido del todo determinados, pero se consideran algunos escenarios muy comunes para este padecimiento. Por ejemplo, durante el embarazo, el aumento de peso corporal, tanto de la madre como del feto, significan una mayor presión en el área de la pelvis, entorpeciendo el funcionamiento adecuado de las venas y dando lugar a venas varicosas capaces de producir dolor.


Además de lo anterior, las varices pélvicas también poseen un origen hormonal, ya que los estrógenos (hormonas sexuales femeninas) debilitan las venas de la zona uterina, principalmente durante el embarazo. No obstante, otros factores de riesgo importantes a considerar serían: el uso de anticonceptivos hormonales, el exceso de peso, las infecciones uterinas, la disposición anatómica de las venas, los embarazos múltiples y la herencia genética.

 

Síntomas


Durante el embarazo, el sistema venoso de nuestro cuerpo atraviesa por una serie de cambios que impiden o dificultan el retorno adecuado de la sangre al corazón. Por un lado, el aumento de la progesterona (hormona encargada de proteger el desarrollo del óvulo), traerá un efecto dilatador nefasto para las venas que terminará por provocar sensaciones de pesadez en las extremidades y agotamiento general.


Al mismo tiempo, a partir del segundo trimestre de la gestación, el flujo venoso distal experimentará un aumento considerable, lo que traerá como consecuencia una ralentización del retorno sanguíneo normal, y si además tenemos en cuenta la compresión que produce el útero gestante hacia el último trimestre sobre la vena cava, es bastante común llegar a experimentar dolores frecuentes y aislados, hinchazón en las piernas, pesadez acentuada, sensaciones dolorosas al sentarse o incorporarse, dolor durante la práctica del coito, depresión, irritación de la vejiga urinaria, entre otros síntomas.

 

Diagnóstico


El diagnóstico del Síndrome de Congestión Pélvica es un diagnóstico de exclusión. Esto quiere decir que tu médico investigará otras causas de dolor pélvico. Puede ser un diagnóstico difícil ya que el principal síntoma, el dolor, no está fijo en una sola área (un día puede doler del lado izquierdo y al siguiente es en el derecho). Las venas pueden dilatarse por estar comprimidas por un útero agrandado, por fibrosis o por compresión de los músculos pélvicos.


El médico puede no llegar al diagnóstico de congestión pélvica porque la mujer generalmente se acuesta para que le realicen el examen pélvico y, en esa posición, las venas no están tan distendidas como cuando la mujer está parada por lo que el dolor cede.


Después de un examen pélvico completo, este síndrome puede diagnosticarse por medio de algunos estudios de imagen, mínimamente invasivos, que ayudarán también a excluir otras posibles causas.


Rayos X: Por medio de un examen radiológico especial en donde se inyecta una tintura opaca a los Rayos X en las venas pélvicas y se toman inmediatamente las placas de Rayos X. A este estudio se le llama “venografía pélvica”.


Resonancia magnética: puede ser el mejor estudio para llegar al diagnóstico. No utiliza radiación ni tintes colorantes y es indolora, pero es importante que se haga en la forma específicamente adaptada para ver los vasos sanguíneos de la pelvis.


Tomografía: se utiliza frecuentemente, puede verse toda la anatomía de la pelvis e identificar las venas varicosas. Se asocia con exposición a Rayos X por lo que no se utiliza durante el embarazo.


Ultrasonido pélvico: generalmente no es muy útil para el diagnóstico a menos de que se haga con la persona en posición parada. Este estudio puede servir para excluir otras posibles causas.


Ultrasonido transvaginal: esta técnica se utiliza para tener un mejor panorama de la cavidad pélvica. Al igual que con el ultrasonido anterior, no es muy útil para ver las venas a menos de que se haga con la mujer en posición parada pero ayuda para excluir causas.

 

Tratamiento


Si el diagnóstico médico ha detectado la presencia de varices uterinas, el especialista dictaminará el mejor tratamiento según el caso. Generalmente, basta con hacer un seguimiento periódico del desarrollo del útero, y en raros casos, se recomendará el uso de analgésicos u otros medicamentos. El embarazo es una etapa delicada, y las várices uterinas, salvo el dolor y las molestias que ocasionan, no suelen ser peligrosas. No obstante, y si tu médico advierte que esta patología puede traer complicaciones para la gestación del feto, hoy en día existen una serie de tratamientos no invasivos y muy efectivos como el láser o la esclerosis, menos arriesgados que la cirugía tradicional.

 

Cómo evitarlas durante el embarazo


Tu principal enemigo es permanecer de pie durante demasiado tiempo. Intenta realizar tus tareas habituales en una posición cómoda.


- A la hora del baño, no abuses del agua caliente, más aún si te sumerges en la bañera.


- Dile adiós a la ropa demasiado ajustada. Tu cuerpo está atravesando una serie de cambios importantes, así que nada de pantalones y shorts ceñidos a la ingle.


- Acostúmbrate a realizar paseos diarios. Esto no sólo te ayudará durante el parto, sino que beneficiarás tu sistema circulatorio.


- Acuéstate siempre sobre un costado de tu cuerpo. De este modo, aliviarás la presión que ejerce el útero sobre la vena cava.


- Cada vez que la ocasión te lo permita, eleva tus piernas para apoyar el flujo sanguíneo de tus venas.


- Si permaneces demasiado tiempo sentada, no te olvides de realizar pequeños paseos y estiramientos cada cierto tiempo.


- Controla tu peso mediante una dieta responsable, y evita el consumo de alimentos que favorezcan el estreñimiento.

 

Ejercicios en casa


Ejercicio 1: Camina sobre las puntas de tus pies descalzos. Intenta realizar este ejercicio durante unos cinco minutos, y alternadamente, detente y eleva tu cuerpo con la punta de los pies, luego desciende y vuelve a repetir 20 veces.


Ejercicio 2: En posición acostada, eleva tus piernas y regrésalas poco a poco. Deberás lograr unas 3 series de 10 repeticiones cada una. Ahora ejecuta movimientos de bicicleta unas 50 veces, luego gira tus pies hacia delante y hacia atrás, de afuera hacia adentro, y para terminar, extiende tus dedos hacia atrás y flexiónalos hacia delante (aunque no puedas completar las repeticiones el primer día, no te desanimes, con la práctica lo lograrás).


Ejercicio 3: Si permaneces sentada por mucho tiempo, intenta elevar tus piernas y realizar movimientos circulares en sentido de las manecillas del reloj. Realiza unas diez o quince repeticiones e invierte el sentido del movimiento. Luego estira la punta de tus pies hacia atrás y hacia delante para estimular la circulación sanguínea.

 

Fuente: Saludalia.com
 

Te puede interesar