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Tiempo de Pensar
11-07-2012 23:55:27
¿Hasta dónde se pretende explotar la lírica de la vocación de servicio, de la integridad, de la moral y de las buenas costumbres?. ¿Cómo puede exigírseles conductas poco menos que excepcionales y éticas quienes en muchísimas ocasiones no tienen para comer o se presentan al servicio dejando a sus familias sin dinero y además, bajo condiciones laborales deplorables?.
Por otra parte, la Policía es y funciona gracias al esfuerzo y patrimonio personal, tanto espiritual como pecuniario de sus trabajadores policiales; de lo cual el Estado, se beneficia continua y cotidianamente a la vez que le resulta vital para el sostenimiento del sistema imperante por cuanto funciona carente de toda clase de recursos oficiales. De igual manera y a escala institucional de las diferentes dependencias, autofinancian su misión en el mejor y lícito de los casos con la colaboración de la comunidad.
El tradicional esquema policial se basa fundamentalmente en agentes policiales en patrulleros. La gente advierte por no decir padece la falta de este esquema en su comunidad. No hay suficientes funcionarios encargados de hacer cumplir la Ley como patrulleros para cubrir todos los potenciales objetivos de la delincuencia. Si se comete un delito, esto quiere decir que en esa oportunidad no había un policía previamente asignado para evitarlo.
Tengamos cuidado, un esquema policial ideal jamás debe basarse en que la Policía debe estar las 24 horas del día en todos lados pues sabemos que el delito tiene origen multicausal de manera tal que no es rígido que si se comete un delito entonces es porque no había un agente de policía.
¿Y las otras áreas del Estado dónde están?. Refiriéndonos a Salud, Educación, Acción Social, Trabajo, Municipios, Juntas vecinales por ejemplo y entre otras. Esto nos lleva a concluir que la Policía debe desplegarse virtud a una planificación que responda a un Sistema Integrado de Seguridad pues por sí sola, las posibilidades de neutralizar la actividad criminal serán limitadas o inútiles.
Con las medidas adoptadas como ‘cambio de la plana mayor‘, y posterior análisis de ocupantes de una nueva estructura, no es suficiente, se sigue eligiendo funcionarios policiales con permeables personalidades, tal vez aquéllas de mentes empíricas y de moral utilitaria que se hacen imprescindibles para la sustentabilidad del viejo Modelo, en franca negación de los funcionarios jóvenes por temor a las potencialidades de las nuevas generaciones, salvo que éstas aseguren con una labor obediente la continuidad del sistema y el acatamiento irrestricto a las directivas oficiales en materia de control social.
Es que el Modelo Policial nunca deseó funcionarios de buen nivel cultural para ocupar cargos de conducción por el temor a que sean imprevisibles o se conviertan en inmanejables, para lo cual primó una mala o improvisada selección de funcionarios y propiciando una carrera policial simple, de resistencia personal y carente de calidad profesional.
No está el gobernante de turno preparado para escuchar realmente un informe asesor. Quiere escuchar aquello que ya decidió hacer y por ende todo lo que ordene se cumpla. Quiere escuchar palabras mágicas como ‘sí se puede‘ o ‘déjelo en mis manos‘ o ‘yo me ocupo‘ o ‘quédese tranquilo que me hago cargo‘.
Entonces, esto requiere y hace necesario un acatamiento ciego a las directivas gubernamentales, donde lo legal o ilegal, legítimo o ilegítimo, está determinado por el funcionario político del momento y donde los funcionarios policiales, son sustraídos o deliberadamente se sustraen ellos mismos de todo razonamiento, revisión o inspección de lo ordenado; quizás por temor, conveniencia o necesidad.
Entonces qué hacemos? Los agentes policiales fueron siempre desde la propia institución policial los peores enemigos del Modelo; pues la gran mayoría llevan a cabo su tarea, respondiendo con notable profesionalismo, vocación y honestidad, comprendiendo perfectamente que la comunidad requiere de su protección y ésta desde lo externo de la institución, reclamando al Estado su derecho a vivir en seguridad.
El Modelo entonces no contó con la forma tan particular de ser y comportarse de los policías, sin distinción de sexo, jerarquía o grado (de la misma manera que los maestros, médicos o enfermeros en sus áreas correspondientes por ejemplo), semejantes unos a otros cualquiera sea el lugar del mundo donde se encuentren prestando sus servicios y conformando una verdadera subcultura policial que trasciende lo nacional y absolutamente diferente y diferenciada de la ideología y práctica tradicional que ha caracterizado institucionalmente a este Modelo.
Un punto de partida válido para: ¿Qué hacer?, es comenzar trabajando con el personal policial.
Mucho se habla del incremento de la delincuencia, que genera preocupación e inseguridad en la población como del mal funcionamiento de la Policía, que conlleva a su alto cuestionamiento.
Lo más llamativo de todo esto, es reconocer en algunos discursos oficiales, el reciente descubrimiento de que la problemática de la seguridad y la cuestión policial, hayan adquirido ribetes de tal magnitud, que se convirtieran en asuntos de Estado. Esto verdaderamente nos alarma, pues para los profesionales de la seguridad, tanto ésta en lo general como la agencia policial en particular, siempre fueron inequívocamente asuntos de Estado y sistemáticamente, fueron desoídas todas sus advertencias sobre un pronóstico oscuro y la necesidad y urgencia de promover un cambio en el sistema para no llegar justamente, a la realidad que estamos viviendo.
El modelo se va a cambiar cuando se tome verdadera razón de la realidad policial y generar su profunda reversión, se rescate el espíritu de la Sociedad en materia policial y de seguridad en términos de Ley, se fortalezca sus relaciones con la Comunidad, se cambie el accionar y la metodología, la Operatividad con cientificidad y tecnología, se establezcan las bases necesarias para una transformación cultural de la Policía hacia la protección de los derechos humanos, se reevalúe la Carrera policial, se defina una racional estructura organizativa y funcional de la policía, se instituyan mecanismos de control de gestión y evaluación de la labor policial, se asigne y distribuya adecuadamente el presupuesto para el correcto desempeño de la Policía y el bienestar de sus integrantes. Toda reforma, además de contar con un importante cuerpo axiológico del cual se emanan sus políticas; se sustenta sobre una serie de pilares o ejes principales a cuyo alrededor, giran las estrategias y tácticas que se pondrán en marcha.
En este sentido, y reconociendo a todos los trabajadores como los actores fundamentales, y el potencial más valioso de cualquier empresa o corporación; el eje director de cualquier reforma policial que se denomine como tal; tendrá entonces como protagonistas y sin lugar a dudas, a los funcionarios policiales encargados de hacer cumplir la ley como sus condiciones de seguridad e higiene en el trabajo, en el concepto más amplio posible: selección, formación, salario, salud y bienestar, capacitación y actualización, seguimiento del desenvolvimiento profesional como todo otro aspecto que haga a la defensa de sus derechos en complementación con su servicio comunitario.
Efectivamente, esto quiere decir que la policía debe comenzar a trabajar sobre una prevención basada en políticas que hacen al desarrollo social y con el conjunto de los operadores del sistema porque de no suceder así y continuar como hasta ahora, las comunidades en general y la policía en particular, fracasarán en su lucha contra la delincuencia.
El público quiere seguridad, estar y sentirse seguro, como elementos fundamentales para su calidad de vida y el Estado debe procurarlo, pero integralmente y no en exclusiva con la agencia policial, que representa aunque muy relevantemente, una de las muchas profesiones que han de interactuar, solamente una parte de ese ‘Todo‘ que es la Seguridad.
Aprovecho para expresar mi sincero agradecimiento a la Institución Policial, todos sus integrantes, y a los muchos comprometidos con la seguridad ciudadana a quienes he conocido personalmente o por sus invalorables textos como el autor citado.
(*) Manuel Vicente Cabrera (DNI. 14.705.955), Accidentólogo y Documentólogo, Perito Calígrafo y Licenciado en Ciencias de Criminalística y Criminología, Comisario Inspector desplazado de la Plana mayor de la Policía de Río Negro.
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