Se la considera el edificio más caro del mundo: sus costos superan los 100 mil millones de dólares. Podría dejar de operar en 2024.
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La Estación Espacial Internacional (ISS, por su sigla en inglés) vivió momentos difíciles en los últimos meses, con el lanzamiento fallido de un cohete tripulado y la fuga en una cápsula. Este martes se cumplen 20 años del inicio de su construcción, y es aniversario se da cuando posiblemente está entrando en la recta final de su vida útil.

 

Dos décadas atrás, el 20 de noviembre de 1998, se lanzó al espacio el primer módulo de la ISS, "Sarja". Desde entonces la estación creció hasta convertirse en una instalación casi tan grande como una cancha de fútbol.

 

"Es la máquina más compleja, valiosa e increíble que ha construido jamás la humanidad", tuiteó hace poco el actual comandante de la ISS, el astronauta alemán Alexander Gerst. Desde el año 2000 astronautas de varios países realizan allí sus experimentos, a 400 kilómetros sobre la Tierra.

 

El entonces presidente estadounidense Ronald Reagan encargó en 1984 a la agencia espacial estadounidense (NASA) que desarrollase una estación espacial tripulada. Al poco tiempo, los estadounidenses pidieron a los europeos que participaran en el proyecto, entre otras cosas para evitar que trabajaran en su propia estación.

 

Tras la caída de la Unión Soviética, en 1990 surgió la idea (no del todo altruista) de sumar también a los rusos. Se trataba de una cooperación con muchas ventajas, sobre todo para el entendimiento de los pueblos tras la Guerra Fría, pero también con algunos inconvenientes. Como que la ISS acabó siendo una estación mayor de lo previsto inicialmente y de lo necesario.

 

La gran mayoría de las partes que componen la ISS proceden de Estados Unidos y Rusia, aunque desde 2008 cuenta también con un sector europeo gracias al laboratorio de investigación Colombus, fabricado en Alemania e Italia.

 

 

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