La especie se convirtió en silvestre y las fábricas que la explotaban comercialmente cerraron por falta de dinero. Ahora, el negocio se maneja mayormente de manera clandestina, lo que significa un riesgo para la salud.
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Por Fernando Manrique
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La semana pasada Los Pocitos tuvo una promoción a nivel nacional luego de una nota periodística de La Nación que publicitaba al destino del interior de Patagones como uno de los más tranquilos para veranear. Ideal para quienes no soportan a mucha gente en el mismo lugar como sucede con las playas más populares.


Muchos vecinos dieron sus opiniones y destacaron la belleza natural de este balneario ubicado a 80 kilómetros de Carmen de Patagones. Pero se pusieron sobre la mesa las dificultades para adentrarse al mar con la superpoblación de ostras desparramadas por toda la playa.


Estos moluscos bivalvos fueron introducidos durante la década del 80. Su expansión fue tal que se convirtió en una especie silvestre difícil de regular. Incluso, llegaron hasta Bahía San Blas, aunque allí el mal es menor porque no está en una zona turística.


Comenzamos a hurgar sobre lo que verdaderamente sucede en Los Pocitos con las ostras, que dicho sea de paso hasta tiene su propia fiesta que fue declarada de Interés Provincial y se celebra este sábado.


En la investigación nos encontramos con un problema mayúsculo: los frigoríficos habilitados que comercializaban las ostras cerraron sus persianas por no tener rentabilidad. Ahora, este producto se comercializa mayormente de manera clandestina, con todos los riesgos sanitarios que eso conlleva.

 

No hay reglas claras

 

 

Gonzalo Angos, socio de la empresa familiar Puelchana Patagonia que hace diez años se jactaba de haber exportado 20 mil docenas de ostras a Hong Kong, dijo que no se dedican más a este producto porque no hay condiciones claras para trabajar.


En este sentido, comentó: “Actualmente se trabaja mucho de forma clandestina, que es lo que está abasteciendo a gran parte del mercado en Buenos Aires, nosotros particularmente no estamos trabajando en la comercialización de este producto ya hace un par de años. Debido a cuestiones económicas y financieras, que este país no responde, es muy difícil encarar una actividad donde se requiere una cierta cantidad de mano de obra con todo lo que eso implica. Entonces, al no haber reglas ni condiciones claras para esto, esperamos que las condiciones cambien o veremos qué posibilidades hay”.


Su lamento no se centra en que las ventas son desleales, sino que se convirtió en un tema que implica riesgos para la salud de los consumidores, debido a que “independientemente de que paguen o no paguen los aranceles o impuestos que pida el Estado, lo más importante es la sanidad del producto”.


Argumentó en ese marco: “Cualquier cosa de forma clandestina no deja de ser un peligro, el trabajo de una planta llena de moscas, un cordero o una vaca que se vende puerta a puerta sin la cadena de frío correspondiente, corres un riesgo muy alto. Para eso existen los frigoríficos. En este caso, está pasando lo mismo con las ostras”.


Angos remarcó su tesis en que “hay una demanda del producto pero no hay reglas claras para quienes tenemos los frigoríficos ni un incentivo como para poder trabajar y tener algún tipo de apalancamiento para este tipo de actividad. No están dadas las condiciones y es muy difícil mantener un establecimiento, con todo lo que implica un frigorífico en condiciones con mucha gente trabajando”.


Aclaró de igual manera: “Yo al comercio clandestino no lo marco con una vara juzgadora ni diciendo que eso perjudica a mi negocio. La clandestinidad existe cuando las otras actividades no están, porque la demanda existe. Si la gente quiere comer pan, vos haces pan en tu casa y vas a vender pan. Después hay que ver de qué forma, si una panadería no abre porque tiene el costo muy alto para abrirla con 50 empleados, comprando harina, pagando todos los impuestos e inspecciones, no la va a abrir. Si hago pan en mi casa y lo vendo no voy a tener tantos quilombos. Pero la demanda existe”.

 

Buenos controles, cero políticas públicas

 

Foto: BAFILM

 

Angos, quien trabaja en la empresa familiar de San Blas, destacó que los controles sanitarios de SENASA se hacen adecuadamente, porque siempre hay decomisos por controles sanitarios “pero hasta ahí llega el Estado, después siempre hay vivos que aprovechan la oportunidad para hacer sus negocios”.
“Para que funcione un establecimiento como el que tenemos nosotros, habilitado, también debería existir algún tipo de incentivo desde los Estados, tanto provincial como nacional”, subrayó.


Y marcó que lo que más los perjudica es lo que vienen soportando los pocos negocios de otros rubros que la siguen peleando: las cargas tributarias. “Hoy si nosotros quisiéramos abrir las persianas ya tendríamos un costo de 250 mil pesos, con el mínimo de personal con toda la ley y la norma. Es muy caro. Además, en San Blas la planta de energía es más cara porque es energía de una cooperativa y los caminos en este caso son de tierra y cuestan mantenerlos. Es una realidad, siempre fue así, pasan las gestiones y no es una cuestión de color político”.


A su vez, amplió la responsabilidad de la toma de decisiones: “Esta no es una cuestión que la tiene que ver solamente el Estado municipal, tiene que ver también con el Estado provincial con una visión mucho más amplia, uno tiene que apostar para que la actividad se desarrolle bien en todo el partido de Patagones”.


Expansión de las ostras

 

Foto: BAFILM.

 

Consultado sobre el esparcimiento de las ostras a lo largo y a lo ancho de Los Pocitos, Angos explicó: “Lo que tienen las ostras en particular es que los períodos de reproducción pueden ser muy grandes. El año pasado hubo una reproducción bastante importante y en estos días se está viendo aflorar con más fuerza, eso hace que en las costas haya más concentración y se van agrandando los bancos de ostras”.


Todo va de la mano. Es que para el empresario el control de la población de ostras “es muy difícil si no existe una explotación comercial adecuada, de forma natural eso no se va a diezmar” y manifestó que debe haber una inversión de parte de los interesados, ya sea el Estado o los privados que quieran limpiar los lugares de acceso al turismo.

 

Del mismo modo, hizo una distinción con lo que ocurre en San Blas por su geografía. “La diferencia que tiene San Blas con Los Pocitos es la costa, en la zona de Los Pocitos los arrecifes son visibles y se notan mucho más. En San Blas al ser totalmente una isla y al tener un canal muy cercano y un caudal de agua diferente al que corre en Los Pocitos, por ahí no se da la fijación de la ostra en gran parte de la isla. La zona de cultivo donde se hacen ver las ostras y se hizo el asentamiento de grandes bancos no está en la zona de acceso al turismo. En cambio, en Los Pocitos todo se da en el mismo lugar, cuando llegas a la costa están los productores de ostras, los embarcadores y el acceso a la costa”.


Sin soluciones a la vista

 

 

Dialogamos con Romina Becker, delegada de Stroeder, sobre este problema de Los Pocitos y consideró: “Es un tema bastante complejo porque se sembraron ostras y ahora el problema es que se han hecho silvestres y se están desparramando. Es un tema bastante complejo porque casi en toda la playa, sacando sectores, hay que tener cuidado porque si no te cortas con las ostras, es complicado. No sé bien cuál va a ser la solución porque ya se han expandido tanto que es un problema gravísimo. Por eso hay que avisarle a la gente que tenga recaudos, que tenga cuidado cuando se mete al mar”.


En la entrevista, la delegada no pudo avizorar una solución, al menos en el corto o mediano plazo: “Hace muchos años que se dejó de extraer, se expandió la semilla y quedó silvestre. Por ahora no hemos hablado (con el Municipio ni con ambientalistas), no sé cuál es la solución porque es bastante complejo, es muy amplio el lugar en donde se han expandido y es complicado sacarlas. Primero que no es una especie que era típica del lugar, se empezó a sembrar y ahora se convirtió en una plaga. Siempre está esa preocupación, el tema es que no encontramos la solución de retirarla, va a ser muy difícil, no sé cómo se puede llegar a controlar”.


“Esto sucede hace varios años, se sembró, se empezaron a armar las primeras camas de ostras, después no se controló y se expandió por toda la playa. De hecho, también hay en San Blas, no en la misma cantidad pero es una especie silvestre que es difícil de contenerla”, amplió.


Al margen de ese escollo, Becker piensa en que esta temporada habrá una buena cantidad de turistas tras la nota de La Nación que alcanzó a miles de personas. “Yo estimo que mucha más gente va a querer conocernos. De hecho, dentro del partido de Patagones hay gente que no conoce el lugar, así que esperamos que la temporada sea muy positiva”, puntualizó.


Volviendo al tema de origen, toda venta clandestina debe ser extirpada de raíz por los serios perjuicios en la salud que pueden ocasionarse en los consumidores.

 

Específicamente, sobre la extracción y consumo de las ostras existen vedas que en los negocios ilegales pueden llegar a no respetarse. Lo que se suma al transporte sin la debida cadena de frío de este producto. Todos males que pueden llegar a ser fatales.

 

Por otro lado, la apuesta a que vuelva a funcionar una economía local que supo tener mucho peso es una inversión que alienta a la mano de obra genuina. En síntesis, las ostras no son un problema en sí, el problema es qué hacemos con ellas.

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