Miguelina Lariguet, conocida teatrista con una trayectoria de veinte años, creó un espacio donde los artistas y los espectadores tienen un vínculo especial.
Tamaño letra:

 


Por Fernando Manrique
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Fotos: Miguel Basterra

Los valores artísticos locales han sido motivo de informes pasados por su destreza en el mundo del teatro, en la música, en la pintura, el cine o en muralismos. Pero siempre es bueno destacar los nuevos espacios que pueden acoger todas estas artes. El Caldero es uno de ellos.


La sala teatral de la calle Patagonia 277, en el barrio El Bañado de Carmen de Patagones, recientemente tuvo su primera función y a partir de ahora buscará seguir creciendo tal como lo está haciendo el semillero de talentos de la Comarca.


Miguelina Lariguet, conocida teatrista de nuestros pagos con una trayectoria de veinte años, emprendió el anhelo de tener su propia sala donde confluyan creaciones colectivas, emociones, asombros, carcajadas, aplausos, todo lo que sucede cuando un artista deja su alma arriba del escenario.


Un poco de historia
Lariguet comenzó a estudiar teatro en 1999, en plena época del menemismo, y no pudo entrar al Instituto Universitario de Bellas Artes de Capital Federal por sólo dos materias.


Pero lejos de tirar la toalla, inició estudios con maestros tales como Paco Giménez, Alfredo Martín, Mónica Raiola, Javier Lorenzo, en el estudio de Ricardo Bartís y en el Sportivo Teatral.


Luego, se hizo en la práctica con diferentes eventos artísticos en la Ciudad de Buenos Aires, en varietés y con las creaciones de personajes propios en dramaturgia.


En 2003 llegó a Viedma. Del 2004 al 2010 formó parte de la Asociación de Teatro Independiente Purogrupo -ATIP- y desde allí su vínculo con el teatro fue como un matrimonio.

 


Su primera creación colectiva con dramaturgia propia fue 'Muertas pero no tanto' con Compacto Latino, en la que estuvo acompañada por Laura Vinaya y Patricio Elizalde e hicieron una interesante gira agradecida por cada uno de los espectadores.


En 2008 hizo ‘Delirio en dúo’ con la dirección de Eugenio Ionesco y más tarde se dedicó a la docencia teatral en el área la Secretaría de Cultura de Viedma.
Se dedicó especialmente a la franja etaria de los adolescentes, con los cuales produjo diversas obras colectivas y dijeron presente en ‘Galponeando’ durante cinco años ininterrumpidos, el festival de teatro adolescente más importante de la provincia, desarrollado en Luis Beltrán.


Hasta hace poco se encargó de producciones con el área de Cultura de Viedma, donde sigue actualmente, pero siempre le quedaba ese sabor amargo de no poder concretar su mayor anhelo. Hoy ese sueño es una realidad y el sabor de boca es dulce.


Es que desde 2016, Lariguet quería hacer una sala artística que lleve su impronta, pero como todo ambicioso sueño el paso a paso es complejo.


El Caldero
Dialogamos con Lariguet para que nos cuente cómo fue posible El Caldero y su peculiar historia al momento de darle esa denominación.


La artista explicó en ese sentido: “En el 2016 ya tenía la idea de hacer una sala teatral propia atrás de mi casa, en El Bañado, para investigar la escena como lugar de experimentación y como sala para los artistas. Esa idea comenzó a tomar cada vez más fuerza hasta que lo pude concretar y tardé dos años en construirla”.


El proceso fue lento pero no dejó nada librado al azar: “La hice con lo que me daban, iba ahorrando, pagando en cuotas y así fue pensado El Caldero, que surge como una sala teatral y por eso convoqué a un arquitecto, pensándolo en las necesidades escénicas. Es un espacio pensado desde lo arquitectónico para esas necesidades, así surge la forma que tiene El Caldero, las ventajas que tiene y sobre todo es un espacio que está pensado para la cercanía con el actor, con los artistas, es una sala que tiene lugar para 40 localidades y entonces la relación entre espectador y artista es de cercanía total”.


Respecto al nombre, contó que nació de un modo muy particular. Hace dos años una amiga le tiró el I Ching, un libro oracular chino parecido a las cartas del tarot que se compone por 64 hexagramas. Lariguet le consultó al oráculo qué denominación le podría dar a su sala. La respuesta fue El Caldero “que es el lugar donde se encuentran los alimentos para la cultura” y allí cerró todo.

 

Vínculos entre actor y espectador
Hoy las obras más potentes son aquellas que sorprenden minuto a minuto al espectador, que no lo dejan pestañar y que los ponen a ellos como público activo.


En El Caldero, de acuerdo a lo que planteó Lariguet, se intentará generar “un espacio que no sea sólo para el espectáculo y que uno se vaya, sino que se puedan crear vínculos, que las personas que lleguen a este lugar después de ver los espectáculos, conferencias, recitales, poesías, seminarios, talleres o conversatorios, puedan reflexionar sobre lo que estamos viviendo actualmente y sobre el pasado”.


En definitiva, que quien se acerque no se vaya enseguida, sino que “va a haber un espacio para que circule lo que aconteció. Es generar esa cercanía entre el que está en el espacio escénico, que no importa que haga en ese momento y que luego haya un intercambio con el que viene a ver o escuchar, que sea más participativo”.


Poner en valor lo que pasa localmente es el otro gran objetivo. “La idea es que participen artistas locales y regionales, cuesta mucho traer referentes nacionales de las diferentes artes pero también es la idea generar circuitos de producción y de trabajo para los artistas”.

 


Nunca sola
Otro punto bien interesante en el ámbito del teatro, sobre todo del autogestivo, son los lazos de solidaridad que existen entre pares, una cuestión que es difícil de lograr en otros rubros.


Aquí el que no tiene cuenta con la mano de otro que ya la pasó y hoy puede colaborar.


Lariguet relató que la acompaña codo a codo su compañero poeta y escritor Nito Fritz, pero también cuenta con el respaldo de otros miembros de la comunidad teatral como Hugo Aristimuño, Alejandra Lenher y los chicos del teatro El Tubo que le prestaron 40 sillas para su primera función, entre muchos otros.


“Hay un vínculo importante para que El Caldero sea posible, con toda la experiencia de los teatristas independientes y de la provincia que me han dado consejos, yo hice un camino antes de llegar a esta instancia, toda mi experiencia en producción, como actriz, como artista, la fui poniendo en práctica en este espacio y es gracias a estar en comunidad. Si uno no está en comunidad no se puede, nunca estás sólo, es imposible. También la comunidad está viniendo, la primera función ya estuvo llena, hay un ida y vuelta”, sostuvo la creadora de El Caldero.


Además, entre los pasillos del lugar se respira el sacrificio con el que fue levantado. Para citar un ejemplo, mediante una fiesta a la que acudieron conocidos de la vida se pudieron costear los gastos del techo y cada equipamiento fue conseguido luego de transpirar la camiseta.


Eso lo sabe cada uno de los que se suben a las tablas, por lo que tienen el desafío de no guardarse ni un halo de energía.


“Uno en realidad está sola en lo económico, en el hecho del riesgo de decir que compro tales equipos, cuando viene la luz, en todos los aspectos económicos estoy un poco más sola, porque es el nombre de uno el que se juega. Pero después, para que ande todo, se involucran un montón de partes de la comunidad que si no es imposible que funcionen”, precisó Lariguet.


Proyección de éxitos
Muchos desconocen la capacidad formativa que existe en nuestra zona para que la cultura siga creciendo.


Lariguet, a modo de cierre, se refirió al buen presente de generación de artistas y destacó: “Yo creo que en estos años creció mucho la actividad en la Comarca y también el aporte de la Escuela de Artes Alcides Biagetti que incluyó la carrera de Teatro, las dos universidades y algunas políticas públicas”.


“En Viedma hay una movida interesante a nivel municipal con los talleres que se brindan, en Patagones de a poco se hacen talleres por parte del Estado y después se hace un seguimiento en una institución, eso también ayuda a que se genere este semillero. También está pasando que viene gente joven recibida o que hizo mucha experiencia como autodidacta afuera y viene a aportar un montón”, respaldó.


A todo esto le sumó una movida que nació en 2016 con los teatros independientes, llamada Etcétera, en la que se dieron cuenta de que más de 90 personas estaban inmersas en el mundo del teatro en diferentes roles. Ese festival fue una forma de visibilizar las producciones independientes y consolidó el circuito comarcal que se venía gestando.


Desde ese punto, se trabajó mancomunadamente en las comisiones del Festival Internacional de Teatro del Instituto Nacional del Teatro, el Festival Regional Estepario y el Festival Provincial del Teatro que en noviembre pasado se hizo en Viedma con 21 elencos.


Así como no hay artista que no haya pasado por El Tubo, por La Higuera o el Centro Municipal de Cultura, ahora El Caldero se perfila como una parada obligada para que los virtuosos puedan demostrar lo suyo.


En momentos donde destacamos la pronta reapertura del Teatro España, también hay que llenar las páginas de los periódicos locales con los espacios autogestivos que dedican días y noches para que el público reciba lo que se merece.


Dicen que en el teatro decir la palabra buena suer… trae malos resultados, por lo que como expresan los franceses, a El Caldero le deseamos mucha “merde”.
 

Comentarios

Video del día

Noticias Relacionadas